miércoles, 19 de abril de 2017

De racionalismos y culturas integradoras, por Miguel del Rey


Cast)

El edificio del Ayuntamiento de Altea, levantado a mediados de los años 1960 por el malogrado arquitecto Sorolla Pons, un arquitecto joven y valiente que nos dejó en el momento más fecundo de su vida, y que quizás fue el mejor arquitecto municipal que ha tenido la villa. De él nos queda este “excelente edifico dentro del racionalismo crítico español; una línea del pensamiento arquitectónico…” (M del Rey, 2016,p. 425) que enlaza con la línea que se abrió dentro del mandato de José María Planelles, también uno de los mejores alcaldes alteanos del siglo XX. El edificio liga con una de las intervenciones arquitectónicas más importantes de la Altea de la modernidad: Nova Altea, “de los arquitectos Cabrero, Solesio y Planell e inscrita en las preocupaciones compositivas que en esos momentos se tienen en la arquitectura española” (M del Rey, 2016,p. 285) .

Con estos edificios y con esta arquitectura, con el ambiente que se respiraba en aquella Altea de los años 60 del siglo XX, nos situamos en uno de los momentos más brillantes del panorama cultural alteano, en el cual sin abandonar sus raíces,sus intervenciones en arquitectura, como junto las de otros artistas en disciplinas como la pintura, fotografía, literatura y otras artes, supo vincularse con una modernidad atenta a lo de aquí, pero también al discurso internacional, pues en estas obras, en arquitectura, no podemos abstraernos de otras arquitecturas del momento, las de Sáenz de Oiza, de Codech, de De la Sota, por no hablar de J. Utzon, o del padre Asplund, que desde sus tierras escandinavas nos abrió los ojos a saber mirar el paisaje y la cultura locales sin perder un ápice un discurso universal e integrador. Cuanto se echa de menos esa disposición en nuestra actual sociedad y en su cultura, que quizás sin quererlo discurre por caminos cada vez más localistas y limitados.

Entrecomillados extraídos del libro “Paseando por las alteas, M. del Rey, Valencia 2016”


Val) 
L'edifici de l'Ajuntament d'Altea, alçat a mitjans dels anys 1960 per l’arquitecte Sorolla Pons, un profesional jove i valent que ens va deixar en el moment més fecund de la seua vida, i que potser va ser el millor arquitecte municipal que ha tingut la vila. D'ell ens queda aquest "excel·lent edifici dins del racionalisme crític espanyol; una línia del pensament arquitectònic ... "(M del Rey, 2016, pàg. 425) que enllaça amb la línia que es va obrir dins el mandat de José María Planelles, un també dels millors alcaldes alteans del segle XX. L'edifici lliga amb una de les intervencions arquitectòniques més importants de l’Altea de la modernitat: Nova Altea, "dels arquitectes Cabrero, Solesio i Planell i inscrita en les preocupacions compositives que en aquests moments es tenen en l'arquitectura espanyola" (M del rey, 2016, pàg. 285).


Amb aquests edificis i amb aquesta arquitectura, amb l'ambient que es respirava en aquella Altea dels anys 60 del segle XX, ens situem en un dels moments més brillants del panorama cultural alteà, en el qual sense abandonar les seues arrels, les noves intervencions en arquitectura, al costat de l’obra d'altres artistes en disciplines com la pintura, fotografia, literatura i altres arts, va saber vincular-se amb una modernitat atenta a coses d'aquí, però també al discurs internacional, ja que en aquestes obres, en arquitectura, no podem abstreure'ns d’altres arquitectures del moment, com les de Sáenz de Oiza, de Codech, de De la Sota, per no parlar de J. Utzon, o del pare Asplund, que des des de les seues terres escandinaves ens va obrir els ulls a saber mirar el paisatge i la cultura locals sense perdre ni una mica un discurs universal i integrador. Com es troba a faltar aquesta disposició en la nostra actual societat i en la seua cultura, que potser sense voler-ho discorre per camins cada vegada més localistes i al fons limitats. 

martes, 31 de enero de 2017

Sobre limites e infiltraciones. Relaciones entre ciudad y territorio, por Miguel del Rey*

Cuando la familia Benlloch cierra su actividad y su manera de vivir, por derribo de sus alquerías en la huerta de Patraix, hemos perdido más que unas casas, hemos perdido un paisaje estructurado desde un sistema de producción agraria, construido a lo largo de siglos y que ha modelado el territorio.

Un paisaje producto de la superposición de capas de historia y de cultura, hoy en proceso de transformación acelerada, y quizás también hacia horizontes de bienestar material, podríamos decir casi irrenunciables, pero no incompatible con nuestra identidad ni nuestra memoria. Precisamente sociedades como la nuestra, con un nivel de vida y de cultura determinados, son aquellas que se pueden permitir compatibilizar desarrollo e identidad, transformación y permanencia. Solo la miseria es razón para aferrarse a la supervivencia perdiendo el carácter y la cultura almacenada en siglos de esfuerzo colectivo.

Para huir de esa miseria que observamos en los procesos de crecimiento de nuestra ciudad, hemos de cambiar y procurar nuevos sistemas estructurantes que acaben con aquel dilema antagónico entre ciudad y territorio. En particular cuando se trata de colmatar el suelo en sus bordes, de absorciones de bolsas de huerta englobadas en la propia metrópoli, o de la construcción de barrios o colonias que expanden la ciudad con determinada “ideología” urbana, como la poco afortunada “Sociopolis”.



S Fehn-Museo en Hamar

La construcción de la ciudad, en este caso de la metrópolis valenciana, que por determinados imperativos se está desarrollando sobre un territorio de gran valor cultural, tiene la suerte y la desgracia de ser realizada por una sociedad como la nuestra; una sociedad acelerada, manirrota, descompensada entre los intereses privados y los públicos, pero capaz por sus medios económicos, técnicos y materiales de resolver de manera más ajustada un proceso que se ha ido ya de las manos, pero que en cualquier caso siempre podremos reconducir parcialmente si entendemos que nuestra intervención se realiza sobre un territorio ya construido, y en dicha intervención definir formas que permitan la lectura del pasado en un mundo con perspectiva de futuro. Hemos de dejar aparte la soberbia contemporánea y entender nuestro momento histórico como un episodio acotado en una larga trayectoria; pero un episodio, que por su intensidad y amplitud, es capaz de borrar las huellas de todo aquello que ha hecho que lleguemos donde estamos, incluso que hemos sido en Europa uno de los paisajes físicos y humanos más atractivos en la relación ciudad y territorio. Continuar con este proceso depredador puede llevarnos a perder nuestra identidad, y que nos convirtamos en una ciudad potente, grande, pero impersonal: sustituible en el fondo

Quizás nuestros políticos deban buscar consejo lejos de ciertas asociaciones de agentes urbanizadores que siguen poniéndose la venda en los ojos para no percibir lo que es un clamor: la crisis de nuestros paisajes, la crisis no solo en la forma de nuestro territorio, la crisis de los sistemas de producción agraria que han generado unos paisajes y un medio físico y humano envidiable, todo ello por un desequilibrio circunstancial sobre el cual insisten estas personas, solo para aumentar sus ya escandalosos beneficios. Crisis que puede afectar además a amplios sectores económicos de nuestra sociedad y nos puede llevar a una situación de insostenibilidad económica y social de un modelo ya experimentado en otras sociedades que pasaron anteriormente este sarampión.

Una ciudad como la nuestra, con el potencial humano, económico y paisajístico que tiene, no se merece la vulgaridad. Creo que aún es capaz de reaccionar y buscar por senderos fecundos las posibilidades de crecer de manera civilizada, de configurarse como lo que puede ser, una gran metrópoli en un lugar envidiable. Compaginando crecimiento, transformación y permanencia, lo cual no solo debe ser una vocación ciudadana, sino una meta de nuestras eficaces empresas constructoras y urbanizadoras, a la cual deban aplicar sus buenos medios técnicos, que los tienen, y a través de su actividad sacar un adecuado beneficio económico y generar empleo.


A y P  Smithson- Fonthill-Planta general

Quizás los modelos de crecimiento han de revisarse. La planificación fecunda aprobarse; frente a tanta ley paisajística, mejor sería aprobar Planes de Acción Territorial técnicamente bien resueltos y por lo tanto con visión histórica y de futuro. Entender que muchas de nuestras ciudades tiene unos límites difusos que hacen que el concepto metropolitano prive sobre el municipal, cuestión que los políticos debieran abordar sin más dilación y sin miradas localistas. Pero ante todo prever sistemas formales de crecimiento que permitan el juego suficiente para saber valorar en cada momento cual es la ley más atractiva en cada caso, sin dar por supuesto que la ley de lo “urbano” es más atractiva que la ley del propio territorio donde se inserta. Procurando siempre dar valor a la ley de la tierra frente a la ley del suelo.

Frente a modelos repetitivos y en gran parte caducos que definen las periferias, quizás sería más atractivo trabajar con sistemas de infiltración entre ciudad y territorio, o incluso al revés, del territorio en la ciudad, sin condiciones previas, buscando la mejor arquitectura en un diálogo fecundo entre lugar, necesidad y tecnología. Infiltraciones espaciales y arquitectónicas que siguieran las líneas del territorio, se adecuaran a la topografía y a la geometría de la parcelación agraria como sistema estructurante del propio territorio, allí donde este sistema es más potente y atractivo que el generado desde la propia ciudad. Estas infiltraciones tendrían en consideración caminos históricos, líneas de acequias, barrancos y perfiles del paisaje. Propuestas que permitan compaginar lógica urbana con lógica rural, en una simbiosis donde ambos sistema salgan beneficiados.

Estos sistemas de infiltración entre ciudad y territorio, pero sobre todo la valoración de nuestro patrimonio, hubieran tenido en consideración valorar parte de nuestra cultura rural en un diálogo fecundo con la ciudad, como pudiera ser en el caso de Patraix conservar y valorar la esplendida alquería dels Frares, tan solicitada su restauración por el vecindario de uno de los barrios más poco dotados de elementos singulares y dotacionales.

Una nueva manera de entender las relaciones entre ciudad y territorio, permitiría que la familia Benlloch, como las muchas familias Benlloch de Alboraia, de Foyos, de Torrent, de Paterna, de La Torre, pudieran conservar sus sistemas productivos en una estructura metropolitana que compagine bolsas agrarias, que permita sistemas de infiltración entre lo rural y lo urbano. Es posible, solo hay que cambiar el chip, buscar buenos profesionales, intentarlo y sobre todo hacer oídos sordos a determinados consejos e intereses. Aunque quizás hay otra solución..... llamar a Al Gore para que venga y nos lo diga. Su visita puede tener un valor mediático, los santos de lejos hacen más milagros.

 *Miguel del Rey es arquitecto y

 catedrático de Universidad

domingo, 15 de enero de 2017

La alquería de la Torre-, por Miguel del Rey ( Cast- Val)


La desidia y el abandono se han cebado sobre esta alquería y su vecina, la alquería del Moro, dos ejemplos de gran interés situados en la ampliación del Parque de Benicalap. De manera incomprensible se ha permitido el desacato de la expoliación y la violación del patrimonio. 

La alquería de la Torre es uno de los edificios, me niego a hablar en pasado, más atractivos de la arquitectura del siglo XVIII valenciana. Situada en las inmediaciones de la ciudad, junto al camino de Burjassot, colindante con la malograda Alquería del Moro. Su historia de despropósitos mala administración, vandalismos, ocupas salvajes, y desidia municipal y autonómica han llevado a su ruina en términos generales. No voy a incluir ninguna foto de su estado actual, pues rayaría en lo pornográfico.

Hoy es un conjunto de muros, desprovistos de cualquier lógica en sus revestimientos, carpinterías, escaleras, solados de azulejería del periodo más atractivo del '700 valenciano, posiblemente capaz de ser reconstruida con mucho dinero, pero no es esta solo la cuestión. La falta de preocupación por el patrimonio, la desatención al mismo, es una manera de corrupción de la gestión, de robo a los ciudadanos de un bien patrimonial, de rapto de una parte de nuestra cultura, de mala gestión en suma de lo público, de los bienes públicos, valorados en su momento como un Bien de Relevancia Local, protegido legalmente por las leyes y no aplicadas por sus responsables, permitiendo la ruina y el saqueo. Creo que los jueces y la fiscalía deberían pedir cuentas a nuestros administradores por su absoluta falta de responsabilidad, de eficacia, de sentido, de coherencia, de dignidad en fin con el patrimonio valenciano.

Pero hablemos de lo que en su día fue la arquitectura de esta alquería, definida por un esquema en patio cerrado por varios cuerpos, entre los cuales destacan el frontal dispuesto a levante y el lateral sur. El primero es una arquitectura de dos crujías con dependencias en plantas baja y primera. Un gran vestíbulo articula esta casa principal con una doble escalera en el embarque. El cuerpo lateral es de una sola crujía y al final del mismo se puede observar la “torre” que da nombre a la alquería. El patio se cierra con un cuerpo posterior de servicios, caballerizas y almacenamiento, junto al volumen del edificio económico de la alquería, situado en paralelo al edificio principal. La torre, coronada por merlones que nacen de una imposta de remate, es un volumen de poca altura, de sólidos muros, con grandes ventanales decimonónicos que abren a la esquina del camí de Burjassot, 

Un Jardín que en el pasado fue importante y del que quedan algunos vestigios de traza y elementos botánicos, se situaba frente a la fachada Este, la fachada principal, quedando cerrado por una ligera tapia o murete, tras la acequia, que separa al jardín y a la casa, del camino y del resto de las tierras.

La alquería incluía varias viviendas: propietarios, caseros, administradores, etc. una estructura habitual en las arquitecturas rurales de la gran casa agraria de finales del XVII y a lo largo del S. XVIII, y que se prolonga hasta el Ochocientos. Grandes casonas con este complejo programa las podemos encontrar en las proximidades de Valencia, como por ejemplo la alquería de Falcó, final del s XVII, la alquería de Ferrer, etc. 

La desidia y el abandono se han cebado sobre esta alquería y su vecina, la alquería del Moro, dos ejemplos de gran interés situados en la ampliación del Parque de Benicalap. De manera incomprensible se ha permitido el desacato de la expoliación y la violación del patrimonio. Ya es hora que se tomen medidas en proteger lo estuvo en manos privadas, creo que ahora es público, pero en cualquier caso es una pieza de valor singular, básica para entender la ampliación del Parque de Benicalap, junto a la alquería del Moro; dos piezas en suma a la espera inmediata de una buena actuación y de asumir su vocación pública.



La desídia i l'abandó s'han acarnissat sobre aquesta alqueria i la seua veïna, l'alqueria del Moro, dos exemples de gran interès situats a l'ampliació del Parc de Benicalap. De manera incomprensible s'ha permès el desacatament de l'espoliació i la violació del patrimoni.
L'alqueria de la Torre és un dels edificis, em nego a parlar en passat, més atractius de l'arquitectura del segle XVII-XVIII valenciana. Situada als voltants de la ciutat, al costat del camí de Burjassot, confrontant amb la plorada Alqueria del Moro. La seua història de despropòsits mala administració, vandalismes, ocupes salvatges, i desídia municipal i autonòmica, han portat a la ruïna al edifici en termes generals. No vaig a incloure cap foto del seu estat actual, ja que ratllaria en allò pornogràfic.
Hui és un conjunt de murs, desproveïts de qualsevol lògica en els seus revestiments, fusteries, escales, paviments de taulellets del període més atractiu del '700 valencià, possiblement capaç de ser reconstruïda amb molts diners, però no és aquesta només la qüestió. La manca de preocupació pel patrimoni, la desatenció a aquest, és una manera de corrupció de la gestió, de robatori als ciutadans d'un bé patrimonial, de rapte d'una part de la nostra cultura, de mala gestió en suma del que és públic, dels béns públics, valorats en el seu moment com un Bé de Rellevància Local, protegit legalment per les lleis i no aplicades pels seus responsables, permetent la ruïna i el saqueig. Crec que els jutges i la fiscalia haurien de demanar comptes als nostres administradors per la seua absoluta manca de responsabilitat, d'eficàcia, de sentit, de coherència, de dignitat en fi, amb el patrimoni valencià.
Però parlem del que en el seu dia va ser l'arquitectura d'aquesta alqueria, definida per un esquema en pati tancat per diversos cossos, entre els quals destaquen el frontal disposat a llevant i el lateral sud. El primer és una arquitectura de dues crugies amb dependències en plantes baixa i primera. Un gran vestíbul s'articula aquesta casa principal amb una doble escala en l'embarcament. El cos lateral és d'una sola crugia i al final del mateix es pot observar la "torre" que dóna nom a l'alqueria. El pati es tanca amb un cos posterior de serveis, cavallerisses i emmagatzematge, al costat del volum de l'edifici econòmic de l'alqueria, situat en paral·lel a l'edifici principal. La torre, coronada per merlets que neixen d'una imposta de rematada, és un volum de poca alçada, de sòlids murs, amb grans finestrals vuitcentistes que obren a la cantonada del camí de Burjassot,
Un Jardí que en el passat va ser important i del que queden alguns vestigis de traça i elements botànics, se situava davant de la façana Est, la façana principal, quedant tancat per una lleugera tàpia o muret, després de la sèquia, que separa el jardí ia la casa, del camí i de la resta de les terres.
L'alqueria incloïa diversos habitatges: propietaris, casolans, administradors, etc. una estructura habitual en les arquitectures rurals de la gran casa agrària de finals del XVII i al llarg del segle XVIII, i que es perllonga fins al Vuit-cents. Grans casalots amb aquest complex programa les podem trobar a les proximitats de València, com ara l'alqueria de Falcó, final del s XVII, l'alqueria de Ferrer, etc.
La desídia i l'abandó s'han acarnissat sobre aquesta alqueria i la seua veïna, l'alqueria del Moro, dos exemples de gran interès situats a l'ampliació del Parc de Benicalap. De manera incomprensible s'ha permès l'espoliació i la violació del patrimoni. Ja és hora que es prenguen mesures en protegir el va estar en mans privades, crec que ara és públic, però en qualsevol cas és una peça de valor singular, bàsica per entendre l'ampliació del Parc de Benicalap, al costat de l'alqueria del Moro; dues peces en suma a l'espera immediata d'una bona actuació i d'assumir la seua vocació pública.