miércoles, 17 de enero de 2018

La Alquería de la Tanca en El Puig, por Miguel del Rey







 La Alquería de la Tanca, ubicada en El Puig, es un edificio relativamente moderno que incluye diversos de cuerpos de interés arquitectónico y paisajístico. Su estructura y morfología constructiva responden al modelo de casa rural burguesa de comienzos del siglo XX. Incluye una serie de componentes arquitectónicos tradicionales y modernos, fruto de la obra de su propietario a lo largo de la mayor parte de este siglo, el conocido arquitecto D Román Jiménez, si atendemos a su manifiesta voluntad de realizar un diseño más acentuadamente sincrético que en otros edificios similares de la comarca, que también rescataban elementos constructivos de tiempos pretéritos.

En la alquería observamos la simultaneidad de funciones que ofrece, combinación de vivienda agrícola y residencia de ocio; si bien, la reformulación estructural final del conjunto inmueble se decanta única y exclusivamente hacia su uso como vivienda de descanso o área residencial. Al igual que la Masía de María Auxiliadora y la Alquería de San Rafael, la Tanca se articula en un conjunto de distintas construcciones, buscando una unidad de los mismos en torno a un patio o espacio cerrado interno que mimetiza lo propio de las grandes alquerías y masías de l’Horta de los siglo XIX y XX.



Dentro del conjunto distinguimos su bloque principal, un cuerpo de dos alturas que se encuentra en la parte de levante. Distinguiéndose y mostrando su jerarquía en el conjunto,  no solo por su tamaño y por albergar las estancias principales y el acceso, si no también por  estar enfatizado por la existencia de una esbelta torre con pináculo que actúa como privilegiado mirador de su entorno rural. Ejemplos similares se encuentran en alquerías centenarias como la de Falcó en el Camino de Moncada, o la del Magistre en Alboraia. Esta torre, además, resulta especialmente peculiar, dado que imita en su forma y volumen las conocidas torres dieciochescas del Paseo de la Alameda en Valencia.

Siguiendo por la fachada lateral oriental de este cuerpo principal se aprecian un conjunto de vanos desnudos intercalados entre una línea de balcones de traza novecentista, vanos que se alternan con los clásicos ventanales enrejados que poseían las viejas alquerías de la huerta, allá por los siglos XVII y XVIII. Una muestra más de la voluntad por conjuntar elementos contemporáneos con otros clásicos en la arquitectura tradicional de estos parajes.

Una cerca omnipresente está presente en este conjunto de edificios, una tapia que descansa intermitentemente sobre el cajero de la acequia que perimetra este conjunto residencial por la parte del Camino de la Tanca, y donde en su lado sur ofrece un saliente cubierto con un voladizo de teja, que cubre el acceso a la Fuente del mismo nombre que la alquería. El resto del muro que envuelve esta moderna construcción, alterna vanos con huecos cubiertos de setos y plantas a la misma rasante que el borde del muro. A poniente de este edificio, el cercado desaparece, y es el  propio muro de los edificios adyacentes al principal el que cierra el complejo, en una sucesión de vanos que alternan ventanas y puertas auxiliares dispuestas de forma asimétrica.

La Alquería de la Tanca se sitúa en las proximidades de la Autovía de Acceso Norte a la ciudad de Valencia, y al E. de la misma, siendo una de las primeras y principales alquerías que podemos percibir en la entrada norte a la Huerta. El acceso desde el casco urbano del Puig, por el Camí de La Tanca, quedó interrumpido por la construcción de la autovía. Actualmente se accede por la vía de servicio que existe al E. de la autovía, que da acceso al indicado camino, el cual tras pasar junto a la alquería se prolonga a través de las marjales colindantes hacia el mar.


El espacio agrícola que circunda este inmueble lo constituyen los antiguos marjales del Puig, que hasta la década de los años setenta del siglo XX se dedicaron al cultivo del arroz. Tras el abandono del cultivo arrocero la actividad agrícola derivó hacia la horticultura, si bien en un contexto de regadío “imperfecto”. Las aguas de riego —de inundación en este caso— provenían tradicionalmente de afloramientos del freático local: fuentes, ullals, y una de ellas “La Font de La Tanca”, surge junto a las paredes de la propia alquería, aunque con aportaciones de aguas superficiales suministradas por la acequia, la de Moncada surten del agua necesaria. La red de acequias que rodea este inmueble es un conjunto de grandes colectores, “Sequiols” con finalidad tanto de riego, inundando los marjales, como de drenaje, dentro del peculiar sistema hídrico que supone el arrozal.

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